El fin de la era del plástico útil
Feliz Navidad, si es que puedes llamarla así mientras miras esa flamante caja de Edición Coleccionista que te ha costado un riñón y medio. Ábrela. ¿Qué ves? Una estatua de resina preciosa, un libro de arte con olor a imprenta cara y… una caja metálica (Steelbook) vacía. Dentro, un papelito con un código de 12 dígitos. Hemos llegado al final del camino. 2025 será recordado como el año en el que las grandes editoras como Ubisoft, EA y hasta la propia Sony dejaron de disimular. Ya no es una opción; es el estándar. Te venden «coleccionismo» mientras te arrebatan el objeto de culto principal: el soporte físico.El argumento de las empresas es tan cínico como previsible. Dicen que, con el auge de las versiones digitales de las consolas de actual generación, incluir un disco dejaría fuera a los compradores de hardware sin lector. Pero tú y yo sabemos la verdad: se trata de control absoluto y ahorro de costes logísticos disfrazado de «comodidad para el usuario».
El código de descarga: El caballo de Troya de la industria
Cuando compras un código, no posees nada. Estás pagando por una licencia de uso revocable. Si mañana la infraestructura de PlayStation Network o Xbox Live decide que el juego ya no es rentable mantenerlo en sus servidores, tu edición de 200 euros se convierte en un pisapapeles muy caro.

Este 2025 hemos visto cómo títulos desarrollados bajo Unreal Engine 5 ocupan ya más de 150 GB de espacio. La excusa técnica es que el Blu-ray de triple capa se queda corto. Sin embargo, la realidad es que eliminar el disco mata el mercado de segunda mano. Ese es el verdadero hito de ventas que buscan: que cada copia sea única, intransferible y muera contigo.
¿Por qué 2025 es el punto de no retorno?
La estocada final ha venido de la mano de los lanzamientos más potentes del año. Al mirar las gráficas de mercado, observamos que las ventas digitales ya suponen el 90% del total en títulos AAA. Las tiendas físicas están reduciendo sus estanterías de videojuegos para poner merchandising, porque vender cajas vacías no es sostenible para el comercio minorista.

Incluso estudios que antes eran bastiones del formato físico han cedido ante la presión de los inversores. El coste de producción de un disco es ridículo (céntimos de euro), pero el coste de distribución, almacenamiento y la «amenaza» de que revendas tu juego a un amigo es lo que ha matado al formato. Han convertido el coleccionismo en una fetiche de estantería sin alma técnica.
La muerte de la preservación del videojuego
Como streamer y periodista, me preocupa el legado. ¿Cómo vamos a jugar a estos títulos dentro de 20 años? Sin disco, dependemos de que los parches de día uno y los servidores de autenticación sigan vivos. En 2025, la industria ha decidido que el videojuego es un servicio efímero, no una obra de arte que puedas guardar en un estuche.

No te equivoques, tú tienes el poder. Mientras sigas pasando por el aro y reservando esas cajas vacías «porque la figura mola», les estarás dando la razón. Nos han vendido la muerte del formato físico como un progreso tecnológico, cuando en realidad es la mayor transferencia de derechos del consumidor al corporativismo que hemos visto en décadas.

