La víspera de Navidad de 2025 nos tiene a todos con el mando en la mano y la mirada puesta en el horizonte. Mientras esperamos que IO Interactive termine de pulir su esperadísimo Project 007 (conocido en los mentideros como First Light), es el momento perfecto para mirar atrás. Porque seamos sinceros: la relación de James Bond con los píxeles ha sido tan turbulenta como un Martini agitado, pero no revuelto. Hemos pasado de la gloria absoluta en 64 bits a desastres que habrían hecho dimitir a M en menos de cinco minutos.
El sótano del MI6: Cuando la licencia falló
No todo ha sido lujo y Aston Martins. Si hablamos de la cronología de James Bond, el punto más bajo lo marcó, sin duda, 007 Legends (2012). Fue el intento de Activision por celebrar el 50 aniversario de la franquicia y terminó siendo un shooter genérico que ni la propia Eurocom pudo salvar antes de su cierre. Fue un producto apresurado que intentó amalgamar misiones de diferentes épocas sin alma ni cohesión narrativa.
Otro que se queda en la zona tibia es 007: Quantum of Solace. Aunque usaba el motor de Call of Duty 4, se sentía como un traje que le quedaba pequeño a Daniel Craig. Según datos de la industria, el juego vendió bien inicialmente gracias al tirón de la película, pero la crítica no perdonó su corta duración y su falta de innovación frente a otros shooters de la época. Fue el inicio de una era de sombras para el agente secreto.
La redención en tercera persona y la era dorada
A mediados de los 2000, EA decidió que Bond no solo debía disparar, sino también lucir bien. Aquí es donde brilla Everything or Nothing (2004). Fue un hito por usar el rostro y la voz de Pierce Brosnan, además de introducir mecánicas de cobertura que hoy nos parecen básicas pero que en su día eran pura vanguardia. Fue, posiblemente, la experiencia Bond más cinematográfica hasta la fecha.
Tampoco podemos olvidar Nightfire, que para muchos de mi generación fue el verdadero heredero espiritual de los tiroteos frenéticos en consolas. Su modo multijugador, con esos mapas en la nieve y los gadgets absurdos, nos dio horas de vida. Sin embargo, todos sabemos qué nombre corona esta lista y por qué sigue siendo el estándar de oro en cualquier análisis de videojuegos de espionaje.

El Rey imbatible: GoldenEye 007
Hablemos de cifras: GoldenEye 007 para la Nintendo 64 vendió más de 8 millones de copias en todo el mundo. No fue solo un éxito comercial; fue el juego que demostró que los juegos de disparos en primera persona podían funcionar (y de qué manera) en una consola. Rare creó una obra maestra de diseño de niveles y un multijugador que destruyó miles de amistades en los años 90.
Incluso hoy, con su control algo tosco para los estándares modernos, la estructura de sus misiones por objetivos sigue siendo más interesante que muchos juegos lineales actuales. Es el listón que IO Interactive debe superar. El anuncio oficial de la desarrolladora en noviembre de 2020 confirmó que su nuevo proyecto será una historia de origen totalmente original, alejándose de las adaptaciones directas de películas que tanto daño hicieron a la marca en el pasado.

¿Qué esperamos de First Light y el futuro?
Estamos ante un cambio de paradigma. Tras años de silencio desde aquel tibio 007 Legends, la licencia está en las mejores manos posibles. Los creadores de Hitman tienen el ADN perfecto para entender que ser James Bond no es solo disparar, sino infiltrarse, observar y ejecutar con estilo. La cronología de juegos nos ha enseñado que cuando Bond intenta ser un clon de otros juegos de guerra, fracasa estrepitosamente.
La industria ha cambiado mucho desde 1997, pero el deseo de sentirnos un espía de élite sigue intacto. El reto de First Light es recoger ese legado de GoldenEye 007 y la elegancia de Everything or Nothing para darnos el juego definitivo. Si logran mezclar el sigilo social con la acción explosiva, 2026 podría ser el año en el que por fin digamos que el agente secreto ha vuelto a casa por la puerta grande.

