Hoy la industria del videojuego se siente un poco más vacía, y no hablo de la falta de stock de una consola o de un retraso inesperado. Nos ha dejado Vince Zampella, un nombre que quizás no le diga mucho a tu tía la del pueblo, pero que para cualquiera que haya sostenido un mando es, sencillamente, el arquitecto de nuestra forma de jugar. Sin él, el shooter moderno no sería más que un intento torpe de imitar el pasado.
El hombre que cambió el punto de mira
Zampella no era solo un directivo con traje; era el alma detrás del gunplay que hoy damos por sentado. Todo empezó cuando, tras su paso por 2015 Inc. y el desarrollo de Medal of Honor: Allied Assault, decidió que la Segunda Guerra Mundial necesitaba un nuevo enfoque. Así fundó Infinity Ward en 2002, dando vida a una franquicia que hoy es un gigante cultural: Call of Duty.
Si recordáis aquel lejano 2007, Modern Warfare no solo fue un juego; fue un terremoto. Zampella entendió antes que nadie que el futuro estaba en la narrativa cinematográfica y un multijugador adictivo basado en rachas y personalización. No es una exageración decir que cada shooter moderno que veis en la estantería tiene una pizca de su ADN, desde la fluidez del movimiento hasta la intensidad de sus campañas.
De la traición al renacimiento: El fenómeno Respawn
La historia de Vince también tiene tintes de drama shakesperiano. Tras una salida traumática de Activision en 2010, en medio de demandas millonarias que paralizaron la industria, no se quedó llorando en un rincón. Fundó Respawn Entertainment y demostró que el talento no se puede comprar ni silenciar.
Con Respawn, nos regaló Titanfall, ese juego que nos hizo sentir que los mechas y el parkour eran la evolución natural del género. Pero el verdadero golpe sobre la mesa llegó con el lanzamiento sorpresa de Apex Legends. Un dato que fundamenta su genio: en abril de 2021, el título alcanzó la asombrosa cifra de 100 millones de jugadores únicos. Fue la prueba definitiva de que Vince sabía leer el mercado como nadie.

El legado mecánico: El «feel» de Zampella
¿Qué hace que un juego de Zampella sea especial? Es el feeling. Es esa respuesta inmediata al pulsar el gatillo, esa transición perfecta entre correr y deslizarse. Bajo su liderazgo, Respawn también rescató la dignidad de los juegos de Star Wars con Jedi: Fallen Order, demostrando que su visión no se limitaba a los disparos en primera persona, sino a la excelencia en el diseño de juego puro.
Incluso cuando EA le confió la supervisión de la franquicia Battlefield tras años de tropiezos, el sector respiró tranquilo. Sabíamos que, si alguien podía arreglar un barco a la deriva, era él. Su capacidad para gestionar estudios de élite como DICE mientras mantenía la frescura creativa en Respawn es algo que pocos líderes han logrado en la historia del medio.

Un vacío imposible de llenar
Como periodista y, sobre todo, como alguien que ha echado miles de horas a sus creaciones, me cuesta imaginar el futuro de los FPS sin su guía. Zampella era el contrapunto necesario a una industria a veces demasiado centrada en las monetizaciones agresivas y poco en la diversión del jugador. Recordemos que Modern Warfare 2 (2009) vendió más de 20 millones de copias en menos de un año, no solo por marketing, sino porque era endiabladamente divertido.

Hoy despedimos al hombre, pero nos quedamos con su obra. Cada vez que hagas un headshot en el aire o sientas la adrenalina de una zona que se cierra, recuerda que hubo un arquitecto que diseñó ese momento para ti. Hasta siempre, Vince. Gracias por enseñarnos a disparar con estilo.

