El universo de Terminator se expande en 2D: ¿Un giro inesperado que redefine la acción clásica esta semana?

Volveré… en dos dimensiones y con más píxeles que nunca.

Hay que tener las cosas claras: cuando uno piensa en Terminator, piensa en explosiones que harían llorar a Michael Bay, en esqueletos de metal cromado y en un futuro tan oscuro que hace que una mala tarde de domingo parezca el paraíso. Lo que no se te viene a la cabeza, seamos sinceros, es un plataformas de acción en 2D con sabor a recreativa de los noventa. Y sin embargo, aquí estamos, con el lanzamiento de Terminator 2D: No Fate, un título que llega sin hacer mucho ruido pero con la contundencia de un T-800 derribando la puerta de tu casa.

La premisa es, a priori, un caramelo para cualquier fan que se precie: revivir los momentazos de Terminator 2: El Juicio Final. Pero ojo, que no es solo un paseo por la nostalgia. El juego nos pone en la piel de Sarah Connor y del mismísimo ‘Chuache’ cibernético en una serie de misiones que mezclan escenas icónicas con escenarios completamente nuevos. Y por si fuera poco, también nos deja liderar la Resistencia como un John Connor curtido en la guerra del futuro. ¿La promesa? Decidir el destino de la humanidad a base de plomo y píxeles. Casi nada.

Un ‘Contra’ con endoesqueleto: bendita simpleza

Lo primero que te golpea de Terminator 2D: No Fate es su estética. Es un regreso consciente y deliberado a la era de los 16-bits, un homenaje a clásicos como Contra o Metal Slug donde lo único que importaba era correr, saltar y disparar a todo lo que se moviera. Y francamente, ¡qué bien le sienta a la saga! En una industria obsesionada con el fotorrealismo y los mundos abiertos de doscientos kilómetros cuadrados, esta vuelta a lo básico es un soplo de aire fresco. Aquí no hay crafteo, ni árboles de habilidades interminables. Aquí hay un T-1000 de metal líquido, tu escopeta de repetición y tus ganas de evitar el apocalipsis nuclear.

Controlar al T-800 se siente tan pesado y potente como debería, mientras que Sarah Connor ofrece una agilidad que cambia por completo el ritmo del nivel. La dualidad de poder jugar las misiones con uno u otro no solo añade rejugabilidad, sino que nos permite afrontar los tiroteos contra Skynet de formas distintas. Es una decisión de diseño simple, pero brillante.

Más allá de la película: ¿dónde está la sorpresa?

Si el juego se limitara a ser una recreación 2D de la película, sería un buen homenaje y poco más. Pero es en sus «escenarios originales» y «finales múltiples» donde No Fate se juega el todo por el todo. La idea de expandir el lore, de mostrarnos facetas de la guerra contra las máquinas que no vimos en el cine, es lo que puede elevarlo de ser un buen juego a uno memorable. Las fases del futuro, controlando a John Connor, son un claro ejemplo: pura acción postapocalíptica donde cada palmo de terreno se lucha con uñas y dientes contra hordas de Terminators. Es aquí donde el juego demuestra que tiene alma propia.

Ahora, la pregunta del millón es: ¿están estas nuevas tramas a la altura? En su mayoría, sí. Aportan contexto y nos permiten sentir en nuestras propias carnes la desesperación de una humanidad al borde de la extinción. Sin embargo, no todos los caminos alternativos son igual de interesantes, y alguna que otra misión se siente como puro relleno para alargar la experiencia. Un pequeño tropiezo en una ejecución por lo demás muy sólida.

Lo que de verdad me ha volado la cabeza

Y ahora, el comentario personal, ese momento en el que me quito el sombrero de periodista y me pongo el de un tío que lleva jugando desde que los cartuchos se arreglaban soplando. Lo que más me ha sorprendido, y para bien, de Terminator 2D: No Fate es su valentía. En un mundo donde Terminator ha dado tumbos con juegos de gran presupuesto que no llegaban a cuajar, apostar por un proyecto más pequeño, más enfocado y con una identidad tan marcada, me parece un acierto brutal. Es la demostración de que no necesitas cien millones de dólares para capturar la esencia de una licencia; a veces solo necesitas buenas ideas y un respeto reverencial por el material original. Este juego es la prueba de que, a veces, para avanzar, lo mejor que puedes hacer es mirar atrás y recordar qué nos hizo amar este mundillo en primer lugar: la pura y adictiva jugabilidad.

En definitiva, Terminator 2D: No Fate es una de esas sorpresas inesperadas que te alegran la semana. Un título que, sin reinventar la rueda, nos recuerda por qué amamos los juegos de acción directa y sin complicaciones. Es un chute de nostalgia bien entendida y una carta de amor a una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia. Si eres fan de la saga o simplemente echas de menos la época en la que los juegos eran ‘llegar y disparar’, no lo dudes. El destino no está escrito, pero una buena tarde de vicio con este juego, desde luego que sí.

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