Más de veinte años esperando en la parrilla de salida.
Hay esperas que se hacen eternas. De esas que se convierten en leyenda urbana en foros y canales de Discord, susurradas con una mezcla de anhelo y resignación. La secuela de Kirby Air Ride era una de esas leyendas. El original de Gamecube fue… peculiar. Un juego de carreras con controles de un solo botón que la crítica en su día despachó con cierta tibieza, pero que el tiempo y los jugadores convirtieron en un clásico de culto. Y ahora, en pleno lanzamiento de la flamante Nintendo Switch 2, HAL Laboratory y, redoble de tambores, el mismísimo Masahiro Sakurai, nos lanzan a la cara Kirby Air Riders. Y, amigos, el tortazo ha sido glorioso.
Seamos claros: Kirby Air Riders no es solo una secuela. Es la validación de miles de fans que vieron el potencial de aquella joya incomprendida. Es coger la fórmula original, pulirla hasta que brille con la potencia de la nueva generación y añadirle todo lo que soñábamos en aquellas tardes de multiplayer local. El resultado es, sin paliativos, uno de los mejores títulos de lanzamiento de la nueva consola de Nintendo y, posiblemente, el arcade de carreras más fresco que hemos catado en años.
El arte de derrapar con un solo botón (más o menos)
El corazón de Kirby Air Ride era su simplicidad: aceleración automática y un solo botón para absorber, derrapar y cargar un turbo. Kirby Air Riders mantiene esa filosofía de accesibilidad, pero la dota de una profundidad que te explota en la cara. La nueva mecánica de Boost Charge es la clave. Ahora, mantener pulsado el botón no solo frena y nos permite tomar curvas cerradas, sino que carga una barra de turbo. Cuanto más apuramos la frenada y más espectacular es el derrape, más se llena. Soltarlo en el momento justo desata un acelerón que te pega al asiento. Es un sistema de riesgo-recompensa sencillísimo de entender, pero con un techo de habilidad altísimo. Es puro Sakurai: fácil de jugar, difícil de dominar.
Esta simple adición transforma las carreras. Ya no se trata solo de encontrar la mejor trazada, sino de gestionar tu energía, de saber cuándo sacrificar velocidad punta para cargar un impulso devastador en la siguiente recta. Las más de 20 máquinas disponibles, cada una con estadísticas radicalmente distintas, multiplican las posibilidades. Pasar de la agilidad de la Warp Star a la brutalidad pesada de un Wheelie Scooter te obliga a replantear por completo tu estrategia en cada circuito.
City Trial: El modo estrella ahora es una galaxia
Si hay un motivo por el que el Kirby Air Ride original es venerado, es por su modo City Trial. Aquel sandbox donde mejorábamos nuestra máquina durante unos minutos para luego competir en un evento final era, sencillamente, una genialidad. Pues bien, en Kirby Air Riders, el City Trial ha pasado de ser un humilde pueblo a una metrópolis vibrante y caótica.
Para empezar, no hay un solo mapa, ¡sino tres! Desde una ciudad futurista con rascacielos y autopistas flotantes hasta una pradera que esconde ruinas y cavernas secretas. Pero el verdadero bombazo es el online. Partidas para hasta 16 jugadores que convierten la fase de recolección de power-ups en una batalla campal. Los eventos aleatorios son más frecuentes y locos que nunca: desde la aparición de un jefe gigante en la plaza central hasta carreras improvisadas por conseguir una máquina legendaria. El bucle de explorar, mejorar tu vehículo y fastidiar a tus rivales es adictivo hasta decir basta.
Y aquí es donde el juego me sorprendió. Lo que me ha robado el corazón no ha sido la escala, sino un pequeño detalle. En mitad de una partida online, encontré una pequeña gramola escondida en un callejón. Al activarla, empezó a sonar una versión orquestada del tema de Gourmet Race del Kirby Super Star original. Durante unos segundos, todos los jugadores en la zona nos detuvimos, como si hubiese una tregua no escrita, solo para escuchar. Un guiño tan pequeño y tan lleno de cariño que demuestra el amor con el que está hecho este proyecto.
Un lanzamiento fulminante para la nueva generación
Kirby Air Riders no solo es un juego sobresaliente, es el compañero de lanzamiento perfecto para Nintendo Switch 2. Visualmente es una delicia, con colores vibrantes, texturas detalladas y una fluidez de imagen que ni en nuestros mejores sueños habríamos imaginado en Gamecube. Pero, sobre todo, es un juego que entiende su legado. No ha intentado ser Mario Kart. No ha complicado sus controles para parecer más «serio». Ha abrazado su identidad arcade, su caos controlado y la alegría de competir sin más pretensiones que la de pasarlo en grande.
En un mercado lleno de simuladores y juegos como servicio, Kirby Air Riders es un soplo de aire fresco y rosa. Es la prueba de que una buena idea, por sencilla que sea, puede ser atemporal. Veinte años de espera han merecido la pena. Ahora, si me disculpáis, tengo que volver a City Trial, que me han dicho que ha aparecido un Dragoon y esa pieza es mía.
Tráiler/Vídeo Oficial
