A ver, parad las rotativas, dejad el mando un segundo y agarraos a la silla, porque la noticia que acaba de saltar es de las que provocan una Emisión en plena Zona de Exclusión. Cuando todos dábamos por hecho que para cazar artefactos en S.T.A.L.K.E.R. 2: Heart of Chornobyl íbamos a necesitar un pasaporte de Xbox o un PC a prueba de radiación, va GSC Game World y nos suelta la bomba: el juego llegará a PlayStation 5. Así, como quien no quiere la cosa. Se acabó una de las exclusividades más potentes de Microsoft, y creedme, esto es más importante de lo que parece.
Para los que llevamos años siguiendo esta saga de culto, nacida en las entrañas del desarrollo de Europa del Este, esto es un acontecimiento. S.T.A.L.K.E.R. siempre ha sido ese bicho raro, ese juego con alma de PC que te castigaba y te enamoraba a partes iguales. Era denso, exigente y con una atmósfera tan opresiva que casi podías oler la humedad del Cordon. Que su secuela, esperada durante más de una década, no solo abrace las consolas, sino que se expanda al ecosistema de Sony, es una declaración de intenciones en toda regla.
La Zona en tus manos: ¿Qué esperar de S.T.A.L.K.E.R. 2 en PS5?
Seamos sinceros, la primera pregunta que se nos viene a la cabeza es: ¿cómo se va a sentir la Zona en el DualSense? Y aquí es donde empiezo a salivar. GSC ha confirmado que habrá soporte completo para el mando de PS5. Imagina sentir la resistencia del gatillo adaptativo al encasquillarse tu AK-47 en mitad de un tiroteo contra una jauría de mutantes. O la vibración háptica que te transmite cada paso sobre la tierra contaminada, el repiqueteo de la lluvia ácida en tu capucha o, peor aún, el latido sordo de una anomalía cercana. Esto, amigos, no es una tontería. Es un nivel de inmersión que puede elevar la ya de por sí brutal atmósfera del juego a cotas insospechadas.
Por supuesto, también se esperan las mejoras técnicas de rigor. Tiempos de carga casi inexistentes gracias al SSD (algo vital en un mundo abierto tan gigantesco), modos gráficos para priorizar rendimiento o resolución y, cómo no, el poderío del Unreal Engine 5 que hará que los paisajes desoladores de Chornóbil luzcan más aterradores y bellos que nunca. Tras un lanzamiento inicial en Xbox y PC que necesitó varios parches para estabilizarse, la versión de PS5 llegará, presumiblemente, mucho más pulida y refinada.
Un movimiento que redefine la guerra de consolas
Más allá de lo técnico, el fin de la exclusividad temporal de S.T.A.L.K.E.R. 2 es un pequeño terremoto en la industria. Documentos filtrados ya sugerían que la exclusividad sería de solo unos meses, pero su confirmación abre un debate interesante. ¿Está Microsoft suavizando su estrategia? ¿O es simplemente una decisión inteligente por parte de GSC Game World para maximizar el alcance de un proyecto que ha superado adversidades inimaginables, incluyendo una guerra en su país de origen? Sea como sea, los que ganamos somos nosotros, los jugadores. Cuantas más personas puedan experimentar esta obra, mejor para todos.
Lo que me ha dejado con la mosca detrás de la oreja
Y aquí va mi comentario personal, esa pequeña reflexión que siempre me gusta compartir. Lo que más me ha sorprendido de todo este anuncio es la rotunda confirmación de que una experiencia tan intrínsecamente ‘pecera’, tan de nicho y tan hardcore, no solo es viable en consolas, sino que es deseada por una comunidad enorme. Yo, que crecí pensando que para sentir la verdadera radiación de la Zona necesitabas un teclado, un ratón y una buena dosis de paciencia para instalar mods, me quito el sombrero. Ver a la saga S.T.A.L.K.E.R. llegar con esta fuerza a PlayStation es, sencillamente, la prueba de que las buenas ideas y las atmósferas únicas no entienden de plataformas. Cheeki breeki, camaradas de PlayStation, os vais a enterar de lo que es bueno.
En definitiva, estamos ante una noticia excelente. S.T.A.L.K.E.R. 2: Heart of Chornobyl en PS5 no es solo un port; es la expansión de un universo único a una nueva legión de Stalkers. Prepara tu contador Geiger y limpia tu fusil, porque la Zona de Exclusión está a punto de hacerse mucho, mucho más grande.
