A veces, en medio del torrente de anuncios y tráileres que nos bombardean en cada evento de videojuegos, aparece una joya que te obliga a dejar lo que estás haciendo y prestar atención. Y eso, amigos y amigas de Vitalgamer, es exactamente lo que ha pasado en el reciente Xbox Partner Preview. Cuando ya pensábamos que estaba todo el pescado vendido, salta a la palestra Nodding Heads Games, el estudio indio que nos enamoró con su arte, para soltar la bomba: la secuela de su aclamada ópera prima no solo es real, sino que viene a romper moldes. Su nombre es Raji: Kaliyuga.

El primer Raji: An Ancient Epic fue una carta de amor a la mitología hindú, un título con una dirección artística que quitaba el hipo, pero que jugablemente, seamos sinceros, se mantenía en terreno conocido. Un buen juego, sin duda, nominado a mejor debut en The Game Awards, pero no una revolución. Por eso, cuando el tráiler de Kaliyuga ha terminado, más de uno en el chat se ha quedado con la mandíbula por los suelos. ¿El motivo? Un giro de 180 grados que nadie, y digo nadie, vio venir.
Una secuela que es, en realidad, un juego completamente nuevo
La premisa nos sitúa seis años después del final de infarto del primer juego. El temible señor de la guerra asura, Mahabalasura, ha hecho saltar por los aires el equilibrio divino, abriendo las puertas del cielo y sumiendo todos los reinos en una guerra cósmica sin fin. En este caos, una Raji más madura y curtida en la batalla debe unirse a su hermano pequeño, Darsh, quien ahora es un «caminante de sueños» (dreamwalker), para embarcarse en un viaje desesperado. El destino ya no es solo salvar a un ser querido, es decidir si el universo merece ser salvado o si debe ser destruido para acabar con el conflicto. Una premisa potente, ¿verdad?
Pero aquí viene la verdadera locura. Olvidaos de la cámara isométrica del original. Raji: Kaliyuga se lanza de cabeza al ruedo de los juegos de acción y aventura en tercera persona. Sí, habéis leído bien. Un cambio de perspectiva total que lo pone a competir en la liga de los grandes, con una cámara pegada al hombro que promete una inmersión y una visceralidad en el combate totalmente nuevas. Pero la cosa no queda ahí. La segunda gran sorpresa es que no solo controlaremos a Raji. Su hermano Darsh será también un personaje jugable. Esta dualidad de protagonistas es el núcleo de la nueva experiencia: mientras Raji se centrará en las artes marciales acrobáticas con su tridente divino, el Trishul, Darsh desatará poderes sobrenaturales para manipular la gravedad, el tiempo y la energía.
El comentario del redactor: Una ambición que me ha pillado por sorpresa
Y aquí es donde me quito el sombrero, de verdad. Voy a ser totalmente transparente: esperaba una secuela continuista. Un Raji 1.5 con gráficos más bonitos gracias al salto a Unreal Engine 5, nuevos enemigos y la misma cámara. Y me habría parecido bien. Pero la valentía de Nodding Heads Games de tirar la casa por la ventana, de deconstruir su propia fórmula para construir algo mucho más grande y ambicioso… eso me ha ganado por completo. No se han limitado a añadir una capa de pintura; han demolido el edificio para levantar un rascacielos. Pasar de una perspectiva isométrica a una tercera persona completa no es un capricho, es una declaración de intenciones. Significa rediseñar desde cero el combate, la exploración y la narrativa. Es un riesgo tremendo para un estudio que todavía consideramos ‘indie’, y esa audacia es, sinceramente, lo que más me ha sorprendido y alegrado de todo el evento. Es la prueba de que han aprendido y evolucionado, que no solo saben hacer un juego, sino construir un universo.
Raji: Kaliyuga se ha colado de un portazo en mi lista de los más esperados. Aún sin fecha de lanzamiento confirmada, el mero hecho de su presentación y su promesa de llegar desde el día uno a Game Pass lo convierte en una propuesta a la que nadie debería perderle la pista. Esto no es solo una secuela; es la confirmación de que el primer juego fue solo el prólogo de una epopeya mucho mayor. Y yo, desde luego, he comprado el billete para la primera fila.
