¡Buenas, gente de Vitalgamer! Aquí vuestro redactor de confianza, listo para meterle el bisturí a uno de esos anuncios que nos dejan con el culo torcido. Nintendo ha vuelto a aliarse con Koei Tecmo y, cuando esos dos se juntan, ya sabéis lo que toca: tollinas a mansalva. Se han sacado de la manga Hyrule Warriors: Age of Imprisonment, y la pregunta que nos hacemos todos es si esto es un simple pasatiempo para reventar hordas de bokoblins o si, por el contrario, viene a contarnos algo que de verdad importe. Vamos al lío.
Reviviendo la leyenda que solo nos susurraron
Seamos sinceros. The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom fue una obra maestra, pero nos dejó con la miel en los labios en cuanto a su trasfondo. Vimos pinceladas de esa era ancestral, de la Guerra del Destierro y de la fundación de Hyrule. Era un lore potentísimo que pedía a gritos ser explorado. Pues bien, parece que alguien en las oficinas de Nintendo escuchó nuestras plegarias. Age of Imprisonment nos mete de lleno en ese fregado, en la guerra contra el Rey Demonio Ganondorf que solo conocimos a través de recuerdos. Y esta vez, no seremos meros espectadores.

El juego nos pone en la piel de la mismísima Princesa Zelda, del rey Rauru y, ojo, de otros héroes legendarios de esa época. Esto ya de por sí es un puntazo. Dejar a Link un poco de lado para centrarse en los que de verdad cortaron el bacalao en el pasado es una decisión valiente y, para qué engañarnos, muy apetecible. Se acabó el ser la damisela en apuros; aquí Zelda reparte estopa y lidera ejércitos. Y junto a ella estarán Mineru, los Sabios y, según prometen, caras nuevas dispuestas a todo.
Zonnan, tollinas y una pizca de estrategia
Vale, es un musou. No esperéis la exploración sesuda de Tears of the Kingdom. Esto va de aniquilar a miles de enemigos en batallas a gran escala, al más puro estilo Dynasty Warriors. Pero aquí viene lo interesante. La gran novedad es la integración de los Artefactos Zonnan en el combate. La idea de combinar estos cachivaches con las habilidades únicas de cada personaje para crear combos devastadores suena, como mínimo, espectacular. Ya me estoy imaginando a Rauru usando su poder de la luz mientras acopla un par de láseres a su espalda para freír a un Moldora. La epicidad está servida.
La clave del éxito de Age of Imprisonment no estará solo en su capacidad para hacernos sentir como auténticos dioses en el campo de batalla, sino en cómo narra esa historia. Age of Calamity, su predecesor espiritual, jugó la carta del ‘¿y si…?’ con los viajes en el tiempo, creando una línea temporal alternativa. La duda ahora es si este nuevo título se ceñirá al canon establecido o si volverá a tomarse licencias creativas para darnos un final diferente. Personalmente, espero que sean fieles. Queremos saber qué ocurrió, no lo que pudo haber ocurrido.
Lo que me ha dejado con la ceja arqueada
Y ahora, el comentario personal. Si hay algo que me ha sorprendido de verdad al ver el material, más allá de la fantasía de poder que supone controlar a estos personajes, es el mimo que parece que le han puesto al diseño de los Sabios originales. En Tears of the Kingdom eran figuras casi fantasmales, leyendas sin nombre. Aquí prometen darles no solo un rostro, sino una personalidad y un estilo de lucha propio. Me resultó especialmente entrañable ver cómo han adaptado las habilidades de estos antiguos campeones al frenesí de un musou. No son meras skins de los campeones que ya conocíamos; se sienten únicos, poderosos y con un peso en la historia que el juego principal apenas pudo insinuar. Es un detallazo que demuestra que, aunque esto sea un spin-off, el respeto por el material original está ahí. Y eso, amigos, se agradece.
¿Merecerá la pena volver al campo de batalla?
Hyrule Warriors: Age of Imprisonment tiene una pinta brutal. Es la oportunidad de vivir en primera persona uno de los capítulos más importantes y desconocidos de la cronología de Zelda. Ofrece fanservice del bueno, una jugabilidad que promete ser un vicio gracias a los Artefactos Zonnan y la posibilidad de expandir un universo que amamos. La única incógnita es si su narrativa estará a la altura y si logrará sentirse como una pieza fundamental del puzle y no como un simple apéndice. Sea como sea, la idea de volver a Hyrule para desatar el caos y reescribir, o más bien, vivir la historia, es demasiado tentadora como para dejarla pasar. Nos vemos en el frente, soldados.

