El regreso triunfal de una reina del culto
Quien diga que las segundas partes nunca fueron buenas, es porque no ha visto a Juliet Starling volver a la carga. Han pasado dos años desde que Lollipop Chainsaw RePOP aterrizó en nuestras consolas y, lejos de ser un simple recordatorio del pasado, se ha convertido en un fenómeno de ventas que ha dejado a más de uno con la boca abierta. Con más de 400.000 copias vendidas, es evidente que el público tenía hambre de este caos estilizado.
Dragami Games ha jugado sus cartas con maestría. Lo que comenzó como un proyecto de remake y mutó a remaster para satisfacer a los puristas, ha terminado siendo la lanzadera perfecta para una secuela real. La compañía no solo ha mantenido el juego vivo con actualizaciones gratuitas —como ese traje «Party Dress»—, sino que ha sabido expandirse hacia el hardware más puntero, incluyendo la reciente versión para Nintendo Switch 2.
Acción sin filtros y el peso del acero
La esencia de la franquicia siempre ha sido el frenetismo, y RePOP lo captura con una agilidad que roza lo quirúrgico. Cuando te lanzas al combate, la coreografía de la motosierra es pura poesía sangrienta.

Como puedes ver en la imagen superior, el control sobre el campo de batalla es absoluto. Al realizar una maniobra aérea frente a los no muertos, la interfaz —con esa puntuación acumulando 16.500 puntos en un combo de 6 impactos— nos recuerda que aquí no hemos venido a pasear, sino a ejecutar una danza letal. La transición a los nuevos motores gráficos ha pulido esta experiencia, permitiendo que cada giro y cada corte se sienta más fluido que en la era de Unreal Engine 3.
El futuro de la saga en el TGS 2026
Si pensabas que esto era el techo, agárrate, porque el Tokyo Game Show 2026 será el escenario donde la secuela oficial mostrará sus cartas. Con la involucración de figuras como Hajime Tabata, el equipo parece tener claro que el camino a seguir es la fidelidad absoluta a la obra original.

Es imposible no sentir nostalgia al ver cómo Juliet se mueve en este estacionamiento frente al clásico autobús escolar amarillo. La captura refleja la intensidad que Dragami Games pretende emular en la próxima entrega: un movimiento de combate aéreo ejecutado con precisión, donde el entorno y la horda enemiga convergen en un espectáculo visual de alta fidelidad.
El estudio ha sido claro: no habrá concesiones creativas bajo presiones externas de DEI. En un panorama industrial a menudo encorsetado, esta apuesta por la «libertad sin restricciones» es una declaración de intenciones que, sin duda, avivará el debate, pero también asegurará que la secuela mantenga ese espíritu irreverente y transgresor que hizo a la original un juego de culto. ¿Estamos listos para otra ronda de motosierras y purpurina? Todo apunta a que sí.
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