La resurrección de un gigante japonés
A veces, el silencio de una compañía es solo el preludio de una tormenta perfecta. Tras veinte años de letargo, Capcom finalmente ha hecho lo que todos pedíamos a gritos. Onimusha: Way of the Sword no es solo una secuela o un simple lavado de cara; es una declaración de intenciones. Desde que el proyecto recibió luz verde a principios de 2020, la obsesión del equipo de desarrollo ha sido recuperar ese «feeling» de antaño, pero potenciado por la arquitectura técnica del todopoderoso RE Engine.
Muchos temían que el juego se perdiera en el laberinto de las tendencias modernas. ¿Mundo abierto? Ni hablar. ¿Una copia descarada de los soulslike? Tampoco. El director Nihei ha sido tajante: esto es acción pura, lineal y directa a la yugular, centrada en el arte de la espada y la exploración por zonas, tal como mandan los cánones de la serie.
Un baile mortal en Kioto
El protagonista de esta historia es el legendario Miyamoto Musashi, quien debe abrirse paso a través de una era Edo distorsionada por las inquietantes nubes de Malice. No es un paseo por el parque, precisamente. El sistema de combate se siente más fluido que nunca, con una intensidad que recuerda a joyas de la acción de personajes como Metal Gear Rising: Revengeance.

Es precisamente en los encuentros contra los jefes donde el juego alcanza su cénit. Tal y como puedes apreciar en esta captura, el sistema de combate brilla con luz propia —literalmente— cuando el samurái despliega técnicas cargadas con energía azul sobre el escenario nocturno. La integración de los efectos de partículas rojas contra el entorno de piedra tradicional no es un mero adorno; es una señal visual clara de que estás ejecutando un contraataque crítico perfecto en mitad de un bosque japonés asfixiante.
La inmersión de un guerrero marcado
Lo que más sorprende de esta entrega es su capacidad para hacernos sentir el peso de la historia sin necesidad de diálogos interminables. La narrativa es inmersiva, oscura y visceral. Nos alejamos de los eventos pasados para ofrecer un lienzo en blanco, pero que mantiene ese horror mitológico que definió a la franquicia en sus días de gloria.

Observar el rostro de Musashi, marcado por la mugre y la fatiga, nos da una idea del tono de la aventura. Ese guantelete metálico que desprende una luz azul vibrante no es solo un accesorio estético, sino el corazón mecánico de la jugabilidad que permite manipular la energía en las zonas más brumosas. La concentración en su mirada, bajo el halo de ese extraño poder, resume a la perfección lo que supone enfrentarse a lo desconocido en Onimusha: Way of the Sword.
Con unas 20 horas de juego intenso, esta propuesta se planta como el mejor lanzamiento de Capcom en lo que va de año. La estrategia de revivir franquicias dormidas ha dado sus frutos, y si esto es el futuro de la serie, que nos den el doble de ración.
