La industria del videojuego vive en una constante tensión entre lo que el público desea y lo que es técnicamente viable. Tras el éxito histórico de Super Smash Bros. Ultimate, los rumores sobre una nueva entrega para la sucesora de la consola híbrida no dejan de cesar. Sin embargo, surge una corriente peligrosa en foros y redes: la idea de que Nintendo debería abrir las puertas y dejar que la comunidad decida el plantel completo de Smash Bros 6.
Desde Vitalgamer tenemos que ser claros: esto no solo es una utopía logística, sino que sería el clavo definitivo en el ataúd de la coherencia mecánica de la saga. Pedirle a un fan que diseñe un roster es como pedirle a un niño que diseñe un menú nutricional: terminaremos desayunando helado de chocolate con trozos de pizza. Suena bien en papel, pero el dolor de estómago está garantizado.
El fantasma de la «Sexta Entrega» y el peso del pasado
No podemos ignorar la realidad de las cifras. Hasta marzo de 2024, Super Smash Bros. Ultimate ha logrado vender más de 34,22 millones de unidades a nivel global. Es un gigante que proyecta una sombra inmensa sobre cualquier intento de secuela. El concepto de Everyone is Here fue un milagro irrepetible que reunió a más de 80 luchadores.
Si dejamos que los fans elijan, la primera demanda será, por supuesto, mantener a todos y añadir a otros cincuenta. Masahiro Sakurai, el genio detrás de la obra, ya advirtió en múltiples ocasiones, incluyendo el cierre de su canal de YouTube en octubre de 2024, que superar lo logrado en Ultimate es una tarea titánica que roza lo imposible.
La tiranía de la nostalgia sobre el equilibrio
El problema de la elección popular es que los fans no votan por mecánicas, votan por sentimientos. Un plantel elegido por la comunidad ignoraría las necesidades de balancéo que requiere un juego de lucha competitivo. Se llenarían los huecos con personajes de nicho o memes de internet, dejando de lado la curva de aprendizaje y la variedad de estilos de combate que hace que esta franquicia sea única.
La pesadilla legal: El muro de las licencias
Recordemos la Smash Bros. Ballot de 2015. Aunque nos trajo a Bayonetta, el proceso fue una demostración de lo complicado que es coordinar intereses comerciales. Los fans piden personajes de Disney, de Microsoft o de Square Enix como si fuera tan fácil como pulsar un botón.

Cada personaje invitado conlleva contratos de copyright extremadamente estrictos, porcentajes de beneficios y limitaciones de uso de imagen. Si el público elige a un personaje cuyos derechos son imposibles de obtener, el proyecto nace muerto. La libertad creativa debe estar por encima del clamor popular para evitar que Smash Bros 6 se convierta en un simulador de juicios y despachos de abogados.
El diseño no es una democracia
En el desarrollo de videojuegos, especialmente en títulos dirigidos por figuras tan meticulosas como Sakurai, la visión autoral es sagrada. Los fans solemos creer que sabemos lo que queremos, pero la historia nos ha demostrado que las mejores sorpresas vienen de donde menos lo esperamos. ¿Quién habría pedido a un Entrenador de Wii Fit antes de verlo en acción?
Ceder el control del plantel a una votación masiva eliminaría el factor sorpresa y convertiría el desarrollo en un servicio de atención al cliente. Un juego de esta magnitud necesita una dirección artística y técnica firme que sepa decir no. La industria ya sufre bastante con el review bombing y las presiones externas como para añadir la planificación de contenido a la lista de exigencias del usuario.
En conclusión, el futuro de la saga debe pasar por una reinvención, quizás reduciendo el plantel para pulir nuevas mecánicas, en lugar de intentar complacer cada deseo individual de una base de fans de decenas de millones. La calidad siempre debe prevalecer sobre la cantidad elegida a dedo por el hype momentáneo.

