Si eres un cazador curtido en las calles góticas y desoladas de Yharnam, prepárate. Las noticias que llegan desde el oscuro mundo de Sony no son precisamente un elixir de vida. Lo que parecía ser una saga de amor fan-made con el venerado Bloodborne ha tomado un giro trágico, dejando un rastro de corazones rotos y una sensación amarga en la comunidad. Agárrate fuerte, porque la historia que te vamos a contar es un auténtico mazazo para los que soñamos con el retorno de una leyenda.
La Odisea de un Fan: El Sueño Prohibido de Foulquier
Conoce a Maxime Foulquier, un desarrollador independiente francés cuyo amor por Bloodborne era tan grande que decidió tomar las riendas. En noviembre de 2024, anunció su segundo intento: «Bloodborne: Top Down Arena».
Este era un spin-off con perspectiva cenital, al más puro estilo Diablo, del aclamado título de PlayStation 4. Anteriormente, Foulquier ya había intentado un remake más ambicioso, pero lo abandonó por ser «demasiado grande» y «demasiado arriesgado» sin la bendición oficial de Sony.
El entusiasmo en la comunidad era palpable. Ver a Bloodborne reinterpretado, aunque fuera de esta forma, era un soplo de aire fresco. Especialmente, porque ya en febrero de 2025, los rumores sobre un remake o remaster oficial volvían a circular, alimentando la esperanza de los cazadores.
Sony Mueve Ficha: La Caza de Proyectos Fan
No obstante, Sony ya estaba mostrando los dientes. Coincidiendo con la renovada expectación por un hipotético remake oficial, la compañía había enviado notificaciones de DMCA a otros proyectos de fans, incluyendo un parche de 60fps y un «demake» al estilo PlayStation. Parece que la política de «manos fuera» de su IP se aplicaba con rigor.
Pero la estocada final para el proyecto de Foulquier llegó en marzo de 2025. Sony Interactive Entertainment, con su habitual y fría eficacia, envió una carta de «cese y desistimiento» al desarrollador. El motivo: infracción de marca. Un movimiento legal estándar, sí, pero que truncaba la iniciativa del fan.
Foulquier, con la esperanza de que este movimiento corporativo implicara un remake oficial en camino – quizás por Bluepoint Games, el estudio de los milagros –, acató la orden. Reutilizó sus assets en un juego original, pero guardó el secreto de la carta. La fe de un fan, ¿verdad?

El Golpe Final: El Cierre de Bluepoint y el Secreto Revelado
Y entonces, el 19/20 de febrero de 2026, llegó la noticia que nadie esperaba, el verdadero mazazo que desmoronaría cualquier atisbo de esperanza: Bluepoint Games cerraba sus puertas.
Este estudio, conocido por obras maestras como el remake de Demon’s Souls (2020) y Shadow of the Colossus, era el candidato ideal, casi el único, para desarrollar un remake oficial de Bloodborne. Su clausura, «tras una reciente revisión de negocios» según Sony, fue un jarro de agua fría para toda la comunidad.
¿Recuerdas la esperanza de Foulquier? Se desvaneció. Con Bluepoint fuera de juego, la posibilidad de un remake oficial de Bloodborne se volvió aún más lejana, casi inalcanzable. Este era el momento de la verdad.
La Decepción es Inmensa: Foulquier Rompe su Silencio
El 20 de febrero de 2026, al día siguiente del anuncio, Maxime Foulquier no pudo más. Hizo pública la carta de cese y desistimiento que recibió de Sony. Su decepción era «inmensa». Y no es para menos.

El cierre de Bluepoint Games no solo sepultaba su sueño, sino que, en sus propias palabras, representaba una «pérdida colosal para la industria y para el sueño de un remake de Bloodborne«. Una declaración que resuena con la frustración de miles de fans.
La Paradoja de la Propiedad Intelectual y el Amor Fan
¿Qué nos dice todo esto? Que la eterna batalla entre la protección de la propiedad intelectual y la creatividad fan sigue más viva que nunca. Sony, como cualquier gran compañía, tiene derecho a proteger sus activos y su marca. Es una medida legal estándar, sí, pero su ejecución a menudo deja un sabor agridulce. Especialmente cuando no hay un plan B claro.
Con Bloodborne aún anclado en los 30fps de PS4, sin un port nativo para PS5 o PC, es lógico que los fans busquen soluciones. Y cuando la empresa dueña de la IP no parece tener planes concretos, prohibir a la comunidad que se mueva es, cuanto menos, frustrante. ¿De verdad es esta la mejor forma de fomentar el amor por una de tus franquicias más queridas?
La situación de Bloodborne se ha convertido en un símbolo de la esperanza frustrada de los jugadores. Un recordatorio sombrío de que, a veces, el silencio corporativo y las decisiones empresariales pueden ser más devastadoras que cualquier bestia de Yharnam.

